"Desde que me topé con la dra. Marian Rojas, me han pasado cosas buenas"

Hace unos días fui a la presentación del libro “Cómo hacer que te pasen cosas buenas.” Para quienes no me conocen, no soy fanática de los libros de superación personal, acostumbro buscar otras herramientas porque no me la creo que cualquiera pueda decirnos cómo mejorar nuestra vida. Pero en esta ocasión, el formato no encaja en dicha categoría, creo que va mucho más allá. Incluso más que el libro, que me ha encantado, me cautivó su autora, quien al ser psiquiatra, funda su contenido en concimiento científico. Esta es mi historia.

No la conozco. Más bien ella no me conoce a mi. Yo he escuchado su voz en un audio de una conferencia sobre la felicidad y temas relacionados que impartió en Guadalajara, México, hace más de un año, hasta casi saberla de memoria. Siempre acudo a ella cuando siento que me voy para abajo o viene algo importante en mi vida y necesito mi mejor actitud. Si ella supiera las auto consultas que me doy con su voz, probablemente estaría en su libro o me cobraría.

Aquel día escuché una parte del audio en mi trabajo, otra en el coche y hasta me bajé al supermercado con los auriculares. Me tenía capturada. Muchas cosas me sorprendieron de lo que iba escuchando, pero hay dos que me marcaron: el papel de nuestra actitud y el sistema reticular activador ascendente (que resulta ser según lo entiendo, una especie de antena que nos hace captar y aprender a buscar lo que queremos, haciéndonos receptivos a las señales).

Cuando terminé de escucharla estaba tan pero tan feliz, que no me importó hacer fila en las cajas de la tienda ni el cansancio, y caminé sin prisa al coche tratando de procesar todo lo que había escuchado, muy sonriente. Me sentía con buena actitud, contenta. Al subirme al coche noté que se me había caído un arete. Mi novio me los acaba de regalar.  Había caminado a través de un estacionamiento muy grande y entrado al supermercado. No tenía idea cuándo había sucedido. Fue entonces que pensé ¿y si pruebo lo del sistema reticular sabe qué? (aun no me aprendía el nombre completo). Y sonreí viéndome en el retrovisor, con ganas de poner en práctica mi simple experimento.

Me bajé del coche afirmando que lo iba a encontrar y, riéndome como si me estuviera contando un chiste, comencé a buscar mi arete en el estacionamiento… en menos de 2 minutos ¡lo encontré! Y no crean que era una arracada tamaño década de los noventa. Sino un pequeño broquel. Estaba aplastado, seguramente por alguna llanta de coche. Pero ahí estaba y tenía arreglo.

Me reí mucho. Cualquiera que me hubiera visto me habría juzgado de loca. Entonces pensé: si pude encontrar un arete en un estacionamiento para miles de coches (literal), seguramente podría hacer más cosas con ese método.

Desde ese día intento practicarlo. No siempre puedo. Lo admito. Pero mi vida ha cambiado.

Mi vida no ha tenido los sucesos tan fuertes y traumáticos que cuenta de muchos de sus pacientes. Pero como menciona en su libro “no existe una biografía sin heridas”. Cada persona tiene su historia y sus sufrimientos, y me queda claro que la mayoría de nosotros no sabemos gestionar nuestras emociones.

Yo siempre me sentí contenida en mis talentos y en mis deseos, como si mi vida fuera una historieta blanco y negro en el siglo en que veo vidas que se viven como un video con gran producción y de calidad HD. Me he sentido enojada por decisiones que he tomado durante años y que me hacían percibir mi vida detenida por circunstancias que estaban fuera de mi control resolver, abatida porque no atinaba en qué era buena dado que mi trabajo no era la parte favorita de mis días, y varios etcéteras. Claro que tenía cosas y personas buenas. Pero no encontraba el camino para mi realización.

Hace un par de meses compré su libro, y unos días atrás acudí a la presentación de su libro “Cómo hacer que te pasen cosas buenas”. Moría por escucharla en persona.

Recomiendo (humildemente) este libro a cualquiera que suspire con la idea de vivir mejor. Desde mi punto de vista (no científico), la magia de la fórmula de la dra. Rojas es que si logramos tener una mejor actitud, dejamos de obsesionarnos con el resultado; y al menos yo, en mi experiencia, he encontrado hermosas experiencias en los procesos. Muchas de esas vivencias son solo mías. Es difícil andar por la vida explicando a la gente que una anda sonriente simplemente porque tiene la convicción de que le van a pasar cosas buenas y percibe el cambio de suerte en cosas muy, pero muy simples. Pero el solo hecho de creerlo, me pone de excelente humor. Y creo que por eso, la fórmula no puede fallar .

Mi vida no es color de rosa. Aún tengo numerosos asuntos que resolver, muchos días malos en que me deprimo, desespero, o las cosas no salen como yo quiero, pero… también tengo muchos más y mejores días que antes. Porque he aprendido que las cosas buenas están en y durante el camino. Lo que en realidad pasa es que no las vemos porque (como dice la autora) no sabemos lo que queremos.

Yo los invito a ponerse los lentes de la buena actitud, a leer y escuchar a esta mujer que está tocando vidas enseñándonos a usar el sistema reticular activador ascendente, y a quien le tengo un agradecimiento profundo que espero le llegue en forma de buena vibra (porque aun no la he visto en persona para contarle mi prueba del arete).

Dejo algunos fragmentos que en definitiva no resumen el libro, pero que me han gustado:

“Al final, la felicidad tiene mucho que ver con la manera en que yo me observo, analizo y juzgo, y con lo que yo esperaba de mí y de mi vida…

Cuando las cosas no salen nunca como esperamos o sufrimos siempre por todo lo que nos rodea, si nos sentimos radicalmente inadaptados quizá es que primero deberíamos analizar cómo está construido nuestro sistema, nuestra visión del mundo.

La vida es rica en sus matices, por ser incontrolable, y se resistirá a cualquier intento de control férreo por muy calculadores que seamos…

Una vida lograda requiere reflexión, conocimiento, trabajo, esfuerzo, sentido del humor… Podemos aprender a ser positivos. Es un trabajo lento, pero lleno de satisfacción…

Siempre existe una segunda posibilidad de volver a ilusionarse y diseñar un camino mejor para cada uno.”

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