Iniciaré haciendo una bochornosa confesión: siempre fui la amiga que veía a sus amigas con novios, y la “súper amiga” para salir, de mis amigos (hombres). En pocas palabras, la soltería y yo éramos una misma. Ahora puedo hablar de eso en pasado, pero conozco muy bien ese lugar. Fue mi hogar durante años.
A veces esa zona de confort está padre. Definitivamente la libertadse erige como el estandarte de todas las razones por las que se puede apreciar ese solitario ecosistema: árido de cursilerías románticas, sin deberes más que con uno mismo, y si te lo propones, de diversión.
Pero no todo es espectacular; menos cuando pasa mucho tiempo y nos gusta alguien, o simplemente ir a las fiestas sola/o o con los hermanos/as no nos llena del todo, y hace falta apapacho (la familia no cuenta), besitos y demás.
No sabría decir en qué consiste. No quiere decir que por ser matados en la escuela o muy estudiosos, las personas seamos aburridas. Conozco personas aburridas de todo tipo. Nunca me consideré de esa manera. Pero, yo no fui de las que los chicos se enamoran, era la amiga con quien la pasaban poca madre.
Hay temporadas en las que no es fácil, porque puede coincidir que nuestro círculo de amistades ande enamorado y ¡sea correspondido! Lo que agudiza el sentimiento de sabernos solteros/as. Nosotros somos “los mejores amigos”, “las más divertidas y ocurrentes”, “los confidentes”, “las amigas/os listas/os”, a las que se les piden los apuntes en lugar del teléfono. Pues yo era de esas. Fui todas las que mencioné. Ahora lo escribo y me río (un poco), pero no era padre cuando esas etiquetas las cargaba sin importar el cambio de estación, de año y escuela.
Aunque sea una frase trillada, hoy quiero compartirles que, hay esperanza. La friendzone-soltería es un espacio que muchas veces nos puede hacer llorar, romper el corazón, hacernos sentirnos menos, ingenuos, feas/os, deprimidos, solos, o con mucha envidia (de la mala, la única que existe). Pero, si de plano eres como yo fui, y sientes que no hay forma de salir de ese universo, trata de sacarle provecho: sal a divertirte, haz las cosas que amas, aprende, estudia, trabaja en lo que te de la gana, cámbiate de ciudad, viaja, haz amigos, rodéate de gente positiva, pasa tiempo con tu familia, ve a bailar, lo demás... llega.
A mí tardó muchos años en llegar el amor correspondido, y ahora que lo tengo y miro hacia atrás, creo que pude haber aprovechado mucho más esos años de soledad amorosa forzada, en lugar de añorar lo que no tenía, por eso les digo: ¡si llega!
En verdad todo depende de cómo lo tomemos. No importa lo que los demás digan. A las personas nunca se les da gusto, a veces ni a nosotros mismos. Así, lo mejor que pueden hacer es ACEPTARSE, en toda la extensión de la palabra, aprendan a quererse, ser como les dé la gana ser, y ¡disfrutar! Y el amor: ese llega porque llega.