Todos hemos tenido maestros y maestras: de las buenas, de los malos, excelentes, pésimas, insulsos, equivocados, peculiares, memorables…
Todos hemos tenido maestros y maestras: de las buenas, de los malos, excelentes, pésimas, insulsos, equivocados, peculiares, memorables…
Algunos nos han dejado un pequeño trauma (o no tan pequeño), pero hay otros/as que nos han inspirado. A esas maestras y maestros debemos honrar el día de hoy:
A aquéllos que buscan más que solo impartir conocimiento académico, que nos consuelan, fortalecen nuestro autoestima, se convierten en mediadores cuando nuestros padres no pueden comprendernos…
A quienes dejan trabajos ¡y los revisan! y dan oportunidades: 2, 3, las necesarias cuando saben que un alumno las necesita y puede hacerlo…
A quienes se preocupan por el bienestar de sus alumnos/as, más allá de la obtención de una buena calificación…
A quienes intentan fomentar disciplina en generaciones que no están convencidas de su utilidad…
A quienes estudian, se actualizan y preparan sus clases en sus tiempos libres (y no tan libres) para dar clases de calidad, que aporten de verdad a la formación académica…
A quienes encauzan a su alumnado a debatir con fundamento porque los hicieron documentarse, a discernir y tomar posturas críticas, novedosas, que cuestionen el sistema de forma propositiva…
A quienes nos dicen que podemos lograrlo, que nos respetan, guían, sugieren; que nos tienen paciencia, incluso fe porque ven que hay más en nosotros que estudiantes problemáticos…
¡Infinitas gracias!
Sepan que SI cambian vidas, SI impulsan, SI inspiran, SI enseñan, SI hacen una diferencia.
Todas estas aportaciones no se miden en dinero (aunque lo merecen), y aunque las más de las veces ustedes no ven el nivel de impacto y resultado porque acostumbra ser a largo plazo: no dejen su misión.
Porque maestros y maestras como ustedes, engrandecen esta noble profesión.
Más que felicidades, ¡gracias en su día!