"Cómo nació ñoñerías"

Pasaron poco más de 3 décadas de vida para ser consciente de para qué era buena.

Tenía un excelente trabajo, envidia de muchos, que me hacía sentir la mayor frustración imaginable.

 

En conjunto era un gran empleo y estoy agradecida por ello, pues lo obtuve a base de trabajo y esfuerzo, pero... solo era buena, más bien “x”. Veía a mi alrededor personas que eran extraordinarias en lo que hacían y yo me equivocaba hasta en lo básico. Me parecía tedioso, y siempre me sentí desperdiciada en mis habilidades. Tenía un buen sueldo, excelentes prestaciones, una jefa de ensueño, y tiempo para vivir mi vida. Pero no me llenaba.

Eso sí, no fue un desperdicio en absoluto. Ocupé ese tiempo libre en algo que amo: estudiar, estudiar y estudiar. Cursé un par de maestrías (si, 2. Lo sé, soy súper ñoña), un doctorado, algo de idiomas, impartí clases en universidad, y retorné a mi hobby de toda la vida que adoraba.

Pero al mismo tiempo, sabía que no quería pasar décadas en esa forma de vida hasta jubilarme de un trabajo en el que no me sentía realizada. Sí, sabía qué no quería, pero no encontraba a qué podría dedicarme en lo que fuera verdaderamente buena y me apasionara, a pesar de tanto estudio. Hasta que…

… una mañana de esas miles que pasaba frustrada en mi bonita oficina (eso sí, haciendo cosas de provecho y también trabajando), escuchando como toda una Honorable Godínez a Martha Debayle, escuché un podcast que me hizo replantearme todo. La invitada hablaba de arte y todo lo que hacía con sus conocimientos con una pasión desbordante, y yo no podía creer que con esa formación académica tuviera tanta realización profesional y personal.

Sentí envidia y enojo. Yo debía poder lograr eso. Y entonces comencé a pensar durante muchas semanas, ¿para qué soy buena? Tal vez para muchos de ustedes sea obvio, no lo era para mí. Pero después tuve un tipo de revelación, el día que una voz desde mi interior dijo: “escribir”. Escuché fanfarrias. Quizá era mi corazón bailar.

Pero después pensé ¿y qué hago con eso? Pasaron otras tantas semanas para encontrar más respuestas. La primera respuesta la encontré en el pasado. Mi querida hermanita millennial llevaba un par de años insistiéndome que creara y escribiera un blog, pero yo no le hacía caso. Este hecho se combinó con otro evento del presente. Llegó a mis manos un audio con una conferencia de la Dra. Marian Rojas Estapé sobre la felicidad. Me pareció que mi vida tomaba sentido cuando explicaba que para ser feliz y tener lo que anhelamos, primero debemos saber qué es lo que queremos, y a partir de eso y cito sus palabras “lo que al corazón le gusta la mente se lo acaba mostrando”. El recuerdo de la insistencia de mi hermanita y un audio hicieron clic en mi interior. Abrí mis sentidos y entonces encontré mi verdadero punto de partida. Y así inició todo (como ven, fue un proceso que me llevó tiempo, no sucedió inmediato).

Fue así como comprendí que la magia está en atrevernos a descubrir nuestros talentos, con la apertura de vivir el resultado sin prejuzgar su utilidad o su monetización. Y una vez que aceptamos y entendemos lo que somos, la siguiente cosa interesante es aprender a usar esos talentos: traerlos del cielo de los sueños a lo terrenal, y convertirlo en una realidad.

Ahora estoy en ese proceso…

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